Caetano Veloso y David Byrne: “Nos llevamos tan bien”

Caetano Veloso y David Byrne: “Nos llevamos tan bien”

A todos nos gustan los encontronazos entre fuerzas imparables de la música. Ya sea a través de colaboraciones directas, remixes o jammin’ en vivo, estos choques producen capítulos interesantes en la historia de la música. En los escenarios concretamente, me vienen a la mente ese toquín de Miles Davis con Prince o cuando los altamente radio-friendly Billy Joel y Elton John se echaron ese duelo de cancioneros. ¿Y qué decir de cuando David Bowie celebró su cumpleaños 50 al lado de Sonic Youth, Billy Corgan o Robert Smith entre otros?

Sin duda se trata del placer de verlos juntos, interpretando su música. Tal es el caso del carioca Caetano Veloso que toma su guitarra para tocar con otro colega igual de marciano y global: el iconoclasta David Byrne. En 2004, como parte de una serie de shows que llevaban por nombre Perspectives, Veloso invitó a varios artistas para distintos conciertos, el más recordado es éste que realizó al lado del neoyorquino. Curiosamente, 8 años después se editó por el prestigioso sello Nonesuch bajo el título Live at Carnegie Hall.

Las razones para que sea significativo que Caetano haya compartido escenario con David van más allá de un background que incluye sendas colaboraciones previas y una amistad personal. A pesar de que ahora son viejecitos agradables y sonrientes, su labor artística en todo momento ha sido una apuesta arriesgada pero contundente, que salpica la manera de hacer, escuchar e incluso consumir la música como un producto cultural.

Es 1965 y un joven con aspiraciones musicales ha adoptado, como muchos otros en Brasil, el repertorio bossa nova de João Gilberto, una piedra de angular en cuanto respecta a la música de ese país. Pero ya es tiempo de que esa piedra ruede un poco y Caetano es parte de una generación que lleva, ante todo, la marca del desmadre, auspiciada por Los Beatles, Dadá, la pintura brasileña y el activismo político. Dicho cocktail dio como resultado el tropicalismo, mezcla de movimiento artístico con fiesta de psicodelía hippie aderazada con mucho kitsch al ritmo de guitarras eléctricas: Tom Zé, Gilberto Gil, Os Mutantes, Gal Costa y el poeta Torquato Neto. Luego llegó la persecución política que acabó con la fiesta, pero no con una divertida resaca que se dejó sentir en Stereolab, Beck o Fantastic Plastic Machine.

El interés artístico de Veloso se centra en las posibilidades del cantautor, primero dentro del universo musical de Brasil, luego en los ámbitos musicales de toda América: el reggae, el bolero, el rock; evidenciando que la tradición a veces requiere entendimiento por parte del artista, antes de desembocar en la inevitable mutación.

Byrne por su parte, también fue una pieza clave de un momento especial. Para cuando los Talking Heads tomaron suficiente impulso en aquellos días del club CBGB, no bastaba con tener una camiseta rota y tocar sin afinar los instrumentos. El aparato del rock se había vuelto autoreferencial y pomposo en aquel entonces. El punk dio el primer paso, pero gente como Byrne sabía que faltaba otro empujón antes para no estancarse. Empezó por hacer uso del performance, el video y otros soportes, hasta que conoció a Brian Eno y ya no hubo vuelta atrás. La obsesión por enriquecer el abanico artístico de los Heads, nos deja grandes discos y un cotorreo que antecede la grácil etiqueta del world music, pero no hay que confundirnos: el señor nunca ha devorado formas musicales para domesticarlas, siempre entra con el ánimo del explorador que se sorprende y nos sorprende.

El disco abre con Caetano y su guitarra repasando números clásicos como “Desde que o Samba é Samba” y “O leãozinho”. Poco a poco se van sumando Jacques Morelembaum en el cello y Mauro Refosco en la percusión. Hasta que llega David con “And she Was” y “Life During Wartime”. La onda acústica otorga nuevos matices a las canciones de ambos, pero merecen especial atención las del gringo porque ahí está su carisma interpretativo y el ingenio de sus formas musicales a pesar de sonar tan distintas.

Potencia pura en “Dreamworld: Marco de Canaveses”, escrita por ambos o “Um canto de afoxé para o Bloco de Ilê” de la autoría de Caetano, que son las interpretaciones en conjunto, y que alcanzan su cúspide con la revisión a “[Nothing but] Flowers” de los Heads, narración de un  postarmageddon vegetal que para esta versión sin duda tendría a Brasil como escenario.

Son hermanos musicales que utilizaron el mestizaje musical para abrir puertas que otros penetraron después, y a la vez son tan conscientes de que sus roles han ido cambiando en relación con sus edades, sus obsesiones y las formas musicales que van surgiendo. Tratan de hacer el mejor papel posible. Eso es renovación constante.

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